Miro a mi
hijo mientras monta todos sus rompecabezas. No sé qué está pasando por su mente, no sé lo
que está pensando, pero si sé cómo se siente. Lo veo en su enorme sonrisa cada
vez que pone una pieza. Felicidad! Cada vez que una pieza encaja en el lugar le
ocasiona felicidad. Solo tiene 2 años y medio. Unas pequeñas manos que agarran
cada pieza y mil muecas en la cara mientras intenta colocarlas. Él es muy bueno
haciendo sus “puzzles”. Apenas se sienta, se queda en cuclillas, pasa de
tablero en tablero en esta posición. Se ve cómodo, se ve Feliz. Sé que está
Feliz.
Entonces
mirándolo pienso en todas la piezas en mi vida que tengo que encajar. En todos
los tableros que por prisa, o por
frustración deje a mitad. Cuantas conversaciones pendientes, tantos “te
quiero”, “te perdono” sin decir.
Quizás no
encontré la pieza adecuada en cada situación, me frustre rápidamente al no
poder encajarla. Comencé a hacer otros tableros sin haber terminado los primeros. Mezcle todas las
piezas y al final las deje incompletas.
El tiempo
pasa y cada vez será más difícil decir las palabras que no se pronunciaron en
el momento. Ya no tendrán la misma importancia
o impacto en la persona que las escuchará. Tendrás que agregar más palabras,
mas oraciones, más explicaciones del por qué esperaste hasta este momento.
Quisiera tener el valor de hacer esas llamadas, de realizar esos encuentros, de
recuperar esas personas. Ser más valiente. Hay más
tableros, nuevas piezas, pero aquellos que no que completamos, los que se quedaron a
mitad, aquellas piezas sueltas no nos permitirán seguir jugando en paz. Siempre
serán esos retos, asignaturas por
completar.
Es necesario. Ya es tiempo… Es hora de ser Feliz. Experimentar la
felicidad de completar el tablero, de encajar
las piezas y seguir al siguiente. Estar feliz
porque no dejaste nada sin montar, todas las piezas puestas en su lugar.





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